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martes, 15 de mayo de 2012


Hace justo un año retomé mi hábito por la escritura, aprovechando las facilidades que los blogs ofrecen y sacándole el jugo a mis escasos minutos libres al día –mejor dicho, a la semana- para ofrecer mi óptica sobre determinados acontecimientos que pasan tanto a nuestro alrededor como en el resto del mundo. Uno de los motivos por el que decidí volver a escribir fue la necesidad de reencontrar una parte de mí que había dejado atrás junto con el compromiso de no abandonar mi vocación, mi afición y mi interés por todo aquello que acontece y repercute de una forma u otra en las acciones que diariamente se llevan a cabo.
Recuerdo que uno de mis primeros artículos en mi blog personal estaba dedicado al oficio de periodista y a los peligros que conlleva en este mundo que algunos proclaman “plural”, “libre” y “abierto”.

Por aquel entonces entré en contacto con una de las mayores enemigas del régimen castrista en Cuba, la bloguera Yoani Sánchez, una valiente joven que desde su blog “Generación Y” cuestiona la versión oficial de la realidad de su país y a la que muchos atacan por el mero hecho de ser mujer. A partir de entonces, me interesé por el oficio de informador en las zonas más conflictivas –al menos con respecto a la libertad de prensa- en el mundo. Corroboré algo que aprendí antes de ir a la facultad: que el periodista no solo es un personaje incómodo, sino un peligro para quienes desean obstaculizar la información en un momento dado y asfixiar los regímenes más o menos democráticos.  El pasado 3 de mayo se celebraba el Día Internacional de la Libertad de Prensa, una efeméride cuyo origen data de 1993, una iniciativa de los países miembros de la Unesco y con la finalidad de "fomentar la libertad de prensa en el mundo al reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática". En la práctica, nada ha cambiado, de hecho prácticamente a diario se cometen delitos contra los informadores en países como Somalia, Afganistán, China, Cuba, Bolivia, Venezuela, Marruecos, etcétera, etcétera, etcétera. Los delitos contra las mujeres periodistas son especialmente vejatorios. Eludiré detalles.

El motivo por el que me centro en el tema del periodismo, la libertad de prensa y la figura femenina se debe a un hecho que ha sucedido esta semana y que me ha llamado poderosamente la atención. Me refiero a lo ocurrido en Grecia, con motivo de los resultados electorales chirriantes en las elecciones celebradas recientemente, esa imagen que ha dado la vuelta al mundo: un “líder” ultraderechista -o neonazi, como señalan muchos medios-acompañado por antropomorfos con aires de matones de discoteca obligan a un grupo de periodistas a ponerse en pie en señal de respeto al “líder”. Grecia, la Hélade, ese país al que venero y al que deseo visitar ansiosamente. Grecia, la cuna de la civilización occidental, el lugar donde se instituyó la democracia y que encumbró términos como estoicismo, asamblea, política, sabiduría… Ese maravilloso lugar en el que una vez los principios sobre los que gobernaba eran: eleuthería (libertad), isegoría (la igualdad de palabra o libertad de expresión) e isonomía (la igualdad ante la Ley).

Ver esa imagen del “líder” con los matones y caerse estrepitosamente todos los conceptos que Platón y compañía escudaron fue una misma cosa. Es cierto aquello de que “todo cae”. Y tanto. A saber las aberraciones que cometerían en nombre de la isegoría e isonomía según el “líder” en el hipotético y desastroso caso de que hubieran accedido al gobierno… Por cierto, la valiente periodista que se negó a hacer caso a los ogros fue expulsada de la sala, pero dejó bastante claro que no todo vale en nombre de la libertad.
Quizás ella haya tenido más suerte que Tawakkul Karman, la periodista yemení que hace un mes escaso recibió en su móvil, mientras la entrevistaba una homóloga de la revista ELLE, un mensaje de Al Qaeda con una amenaza de muerte. Fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz el año pasado, pero para ella lo realmente importante es seguir luchando por la democratización de su país, por mejorar la penosa situación en que las mujeres viven. Tawakkul no le teme a la muerte ni a sus detractores, por lo que tanto ella como quienes asumen la responsabilidad de luchar a cara descubierta por mejorar la situación de la mujer en las zonas más peligrosas del planeta merecen, a mi juicio, un papel más destacado del que tienen. Yo les daría más focos y más micrófonos, más primeros planos en televisión y más voz a sus palabras, porque los premios y las distinciones de estas mujeres son pequeños pasos para la mujer, pero grandes pasos para la humanidad.

Tal vez, gestos como estos, algún día contribuyan a hacer real y palpable esa “primavera árabe” de la que tango se ha hablado. Tal vez entonces pueda cada una vestir a su gusto sin necesidad de disimular conformidad con el niqab. Tal vez dejemos de observar imposiciones fraudulentas derivadas de una interpretación macabra de ciertas escrituras “sagradas”. Y tal vez, en ese momento, se confirme una sospecha personal: que el demonio no es una mujer, sino un hombre que se moría de envidia por no ser una.



LIBROS Y SEXOS. ÍNDICES DE LECTURA EN PILAS




A lo largo de esta semana se va a hablar mucho del Día Internacional del Libro. El libro, ese objeto discreto, pequeño, rectangular y –tradicionalmente- de papel, muestra a través de sus páginas, letras e ilustraciones historias reales o ficticias, poemas, canciones, fábulas, críticas, análisis, inventarios, etcétera, todos ellos instrucciones, guías o un mero atrezo que sirve para hacernos la vida un poco más fácil –o más difícil, según se mire.
A través de todas sus formas y aspectos, el libro es ese artículo que de siempre ha estado presente en mi vida y por el que he mostrado un respeto absoluto. Recuerdo, en mi niñez, aquellos días previos al comienzo del curso escolar cuando me sentaba en la mesa camilla con mi querida Inés, observando cómo me forraba con mimo los libros de texto. Ella me transmitió el amor por ellos, por su olor a nuevo, por mantenerlos siempre limpios, sin subrayados ni dibujos. Me inculcó el hábito de la lectura y me hizo ver la importancia de la cultura en las personas. Desde aquel entonces, no soporto ver libros con anotaciones hechas con bolígrafo o rotulador. Esas pintadas son como heridas que no cicatrizan; denigran al libro, que se muestra indefenso ante los ataques.
Durante el breve período de tiempo que trabajé en la Biblioteca Municipal, sufría cuando llegaban a mis manos los libros pintados por todas partes. Cada vez que veía un libro con garabatos, me sentaba junto a los niños y les insistía en la importancia de no hacer rayones porque ello significaba faltarles al respeto y herirlos. Les decía que los libros son como los árboles y las plantas: no tienen voz, pero son seres vivos. No pueden quejarse pero sufren con las agresiones. Necesitan de nosotros porque son indefensos, pero a cambio los necesitamos para vivir. Los unos, árboles y plantas,  nos proporcionan el oxígeno necesario para poder vivir día a día y los otros, los libros, son el alimento de nuestro cerebro.
Los cerebros satisfechos tienen menos desequilibrios que los que tienen poco alimento literario, responden con más agilidad a los avatares del día a día y corren menos peligro ante la ingente cantidad de información tendenciosa, sesgada y tergiversada que fluye a nuestro alrededor cada día. Es peligroso fiarse de los titulares que tienen menos de 140 caracteres, máxime si no se profundiza, si no se contrasta, si no se entiende a qué se refiere y por qué se profiere. Un cerebro poco alimentado es tan indefenso como un libro al que subrayan y hacen dibujitos con rotulador. Nada puede hacerse después de la macabra intervención, pues quedará violentado y mutilado para siempre.
Según datos extraídos de la Biblioteca Municipal de Pilas, en los últimos meses se sigue cumpliendo la tendencia generalizada de los últimos años en nuestro país. Me refiero a que los cerebros mejor alimentados son los del sexo femenino; es decir, las mujeres, en materia de lectura, ganan por goleada. Y no entiendo cómo puede ser así, pero las cifras, que las podéis ver a continuación, lo indican claramente.
Sí, he escrito “no entiendo cómo puede ser así”. ¿Por qué? Pues bien, porque la mujer vive en la misma dimensión que el hombre, y por lo general, su día tiene 24 horas, las mismas que existen en un día para una persona del sexo masculino. De esto hablaré en otra ocasión, no me voy a ir por las ramas porque quiero destacar los índices de lectura en nuestro pueblo en función de los sexos. Para ello, me he basado en datos extraídos de las estadísticas llevadas a cabo en la Biblioteca Municipal de Pilas desde el mes de mayo de 2011 al mes de enero de 2012. Resulta llamativo el hecho de que, pese a que el número de socios inscritos es similar entre ambos sexos, la proporción de préstamos de libros realizada por mujeres es significativamente superior al de los hombres, siendo, en muchos casos, el doble que los préstamos del género masculino. Podemos salvaguardar la “reputación” de ellos si tenemos en cuenta el hecho de que un préstamo realizado por una mujer no conlleva necesariamente que la lectura del libro sea realizada por ella. En fin....
Lo que me resulta sorprendente es cómo y por qué el cerebro femenino sigue siendo el mejor alimentado en nuestro entorno y, a pesar de los pesares, el sexo femenino sigue siendo el relegado. La mujer sigue siendo discriminada, reemplazada, infravalorada. A veces, pienso que hay mujeres que son como libros; pueden contar historias tristes, sorprendentes, reales, entrañables y divertidas pero callan mientras un rotulador despiadado mancilla sus páginas para siempre. Dejan la impronta del insulto marcado página a página mientras ellas ceden, sumisas, los renglones, los párrafos y las ilustraciones que fueron creando a lo largo de su niñez y juventud. Probablemente el impresor y el editor de turno se crean los dueños de estos libros, pero cada libro es una vida. Silenciosa, pero una vida. Y eso basta. Propongo, desde aquí, celebrar un Día Internacional de la Lectura Masculina, sin ironías. Necesitamos más cerebros masculinos bien alimentados, por el bien de todos y de todas.
Esta tabla muestra el número de lectores que se dan de alta  en la Biblioteca Municipal de Pilas y el número de préstamos que se realiza divididos por sexos:


HOMBRES

MUJERES
Mayo


Número de lectores inscritos
3
3
Préstamos
71
120
Junio


Número de lectores inscritos
0
2
Préstamos
89
129
Julio


Número de lectores inscritos
3
5
Préstamos
86
174
Agosto


Número de lectores inscritos
3
5
Préstamos
91
183
Septiembre


Número de lectores inscritos
5
5
Préstamos
81
170
Octubre


Número de lectores inscritos
1
3
Préstamos
94
161
Noviembre


Número de lectores inscritos
4
3
Préstamos
129
185
Diciembre


Número de lectores inscritos
1
1
Préstamos
87
155
Enero 2012


Número de lectores inscritos
1
1
Préstamos
86
151


Mi agradecimiento a Capi y a Mª Paz, por facilitarme los archivos estadísticos de la Biblioteca Municipal de Pilas.

lunes, 12 de diciembre de 2011

¿Qué bailamos?


Hace tiempo vengo escuchando un tintineo tan constante como incómodo que me ha conducido a detenerme un ratito y dedicarle unas cuantas palabras. Para los melómanos escuchar música es más que una opción; tener de fondo mientras se realiza cualquier actividad algo de música es una forma de compañía, puede incluso cambiar el ánimo en un día gris, nublado o simplemente anodino.  En este sentido, cuando asistimos a alguna celebración, salimos a tomarnos algo y entramos en un pub o discoteca se suele elegir música que normalmente está remezclada, enlatada y violentada hasta encajar en los cánones comerciales del momento. Nuestros oídos ipso facto se adaptan al sonido ambiente y si tenemos ganas de fiesta, bailamos lo que nos echen sin exigencias. Por eso, cada vez que se asoman por los altavoces los gorgoritos de un tal Pitbull me entran los siete males porque, lo reconozco: acabo bailando sus canciones aun pensando lo que pienso del rol que proyecta con su personaje.
No digo nada nuevo al afirmar que el cantante que se hace llamar Pitbull está por todas partes. Actualmente los artistas que más masas de fans movilizan en el panorama musical internacional (llámese David Guetta, Shakira, Paulina Rubio, Jennifer López, etcétera) hacen duetos con esta especia de sombra de todos ellos que se repite hasta la saciedad con sus estribillos como mínimo ramplones y burdos, por no decir sexistas. Entre las lindeces que suelta por su boca (u hocico, ya que él mismo se autodenomina como una subespecie canina) se esconden frases elegantes de no más de ocho palabras, imperativas y que denotan un escaso dominio del vocabulario ¿Alguien se ha parado a pensar cuántas veces repite este hombre “dale”?
A menudo aparece rodeado de rebaños de chicas insinuantes semidesnudas a las que le gusta llamar “muñequitas”, con una indumentaria un tanto hortera: trajes impecables estilo Andy García en cualquiera de sus actuaciones de estereotipado mafioso hispano, zapatos brillantes como el sol, pañuelos y/o corbatines de seda, gafas tipo aviador que cuando se las quita me recuerda a Torrente… Todo ello acompañado por una corte de gestos chulescos que denotan autoritarismo como ese dedo índice en posición de advertencia, o la famosa mueca desafiante. Todo un personaje. Los decorados de los vídeos son suntuosos y aderezados con piscinas de agua cristalinas, mansiones de ensueño y vehículos de lujo.  Creo que tiene complejo de Mad, el malo del Inspector Gadget (siempre que puede aparece en un sillón orejero enorme y siempre busco el gatito).
En fin, todo esto para decir que a mí no me preocupa en absoluto la vida de este personaje, ni sus canciones (aunque reconozca que las baile), sino más bien todo el trasfondo sexista y de sumisión de la mujer que implícitamente lleva parejo. ¿Quiénes bailan estos temas? Sin duda una importante porción de adolescentes y jóvenes que puede que no se cuestionen la estampa de un montón de cuerpos femeninos insinuantes semidesnudos bailándole el agua a un “macho” que da órdenes con un lenguaje no verbal bastante explícito y de forma avasalladora solicita favores sexuales. Tanto intento por la igualdad de género en este tipo de escenas se va por la borda, más si tenemos en cuenta las siguientes cifras recogidas en el periódico La Vanguardia el pasado 24 de noviembre:
"La mayoría de mujeres que llaman al número 016 tienen entre 31 y 40 años (el 40’92%), seguido de las mujeres entre 41 y 50 años (el 25’61%). La cifra de víctimas de entre 19 y 30 años es del 14’17%, siendo el colectivo que menos acuden en busca de ayuda y que más agresiones sexuales reciben. Cada vez las sufren más jóvenes y este año 2011 han sido víctimas 156 jóvenes de entre 11 y 20 años, del total  de 434 agresiones sexuales producidas".  Queridas chicas de mi entorno y de fuera, queridas mujeres de todas las edades y culturas: no os dejéis llevar por cantos de sireno. Disfrutad haciendo lo que os dé la gana, no lo que le dé la gana a otros.